¿Será posible salir de Babel,
entenderse y construir juntos otra ciudad
que no se acaba?
Durante la Congregación General 36 de la Compañía de Jesús, que ya lleva transcurriendo unas seis semanas, se me
ha regalado la posibilidad de participar en el equipo que anima cada día
la oración de la mañana. Con la música, la escucha de la Palabra y de algunos
textos ignacianos, con el silencio y la intercesión responsorial, los más de doscientos
delegados de todo el mundo que participan de esta reunión se disponen al
intercambio y discusión de mociones e ideas, a la redacción de documentos, y
también a la elección de compañeros para ocupar alguna responsabilidad en la
conducción de este cuerpo que somos.

Aquí es donde, me parece, ha
tenido un papel importante la música, tanto en los ritmos como en el lenguaje. Hemos
cantado y hemos sido bendecidos en distintas lenguas: zwajili, guaraní, hindi, inglés,
ruso, griego, catalán, árabe, lituano, alemán, latín, gujarati, japonés, coreano,
chino, español, tamil… y seguro que se me van algunos. En este enlace se pueden encontrar
las oraciones de cada día, tanto descargando los textos como viendo los videos.

Esta experiencia me ha permitido
valorar el poder de la música como constructora de identidades colectivas. El
hecho de cantar juntos de algún modo produce o realiza a la comunidad que se
congrega. Y, ciertamente, ha sido posible notar cómo al pasar las semanas los
delegados han podido cantar juntos.
Francisco José de Roux, jesuita colombiano
participante de la CG, y que ha colaborado por años en los diálogos de paz
entre los grupos en conflicto en Colombia, habla de este grupo de congregados
como una parábola del proceso de diálogo, unificación, reconciliación,
encuentro, etc. que Dios quiere conducir en el mundo, entre grupos diversos, de
distintas razas, lenguas y experiencias. Este hecho, según él, es lo más
significativo de la realización de la Congregación General. Acá puedes ver su testimonio.
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